El depósito de combustible es el recipiente estanco —generalmente de plástico de alta densidad (HDPE) multicapa o de acero— integrado en el chasis del vehículo. Almacena el carburante entre repostajes. Su capacidad varía entre los 35 litros de los utilitarios urbanos y los 90-100 litros de los SUV grandes y todoterrenos.
La normativa europea regula su construcción para evitar fugas en caso de colisión y limitar las emisiones evaporativas de hidrocarburos. El homologado de resistencia y estanqueidad se rige por el Reglamento ONU/CEPE R34 y el Reglamento (CE) 661/2009 de seguridad general de vehículos.
Desde mediados de los años 2000 los vehículos de gasolina llevan un sistema de recuperación de vapores (canister de carbón activo) que captura los vapores generados por la variación de temperatura y los reconduce a la admisión, en lugar de liberarlos a la atmósfera. Ese control de emisiones evaporativas forma parte de los requisitos del Reglamento (CE) 715/2007.
La capacidad del depósito determina la autonomía y el desembolso de cada repostaje completo: puedes estimar lo que cuesta llenarlo con los precios medios actuales en la calculadora de llenado de depósito.