El depósito de combustible es el recipiente estanco —generalmente de plástico de alta densidad (HDPE) o acero— integrado en el chasis del vehículo. Almacena el carburante entre repostajes. Su capacidad varía entre los 35 litros de los utilitarios urbanos y los 90-100 litros de los SUV grandes y todoterrenos.
La normativa europea regula su construcción para evitar fugas en colisión y emisiones evaporativas de hidrocarburos. Desde 2016 los vehículos de gasolina llevan un sistema de recuperación de vapores (canister de carbono activo) para capturar los vapores de gasolina generados por la variación de temperatura.