El consumo per cápita de carburante se calcula dividiendo los litros de gasolina y gasóleo de automoción consumidos en un año entre la población del país o región. Es una métrica útil para comparar el nivel de motorización y la dependencia del vehículo privado entre territorios.
Es una derivación directa: consumo total (publicado por CORES) dividido entre la población (INE o Eurostat). Permite normalizar el consumo, de modo que comunidades grandes y pequeñas se puedan comparar en pie de igualdad sin que el tamaño absoluto distorsione la lectura.
El consumo per cápita depende de la geografía (territorios dispersos consumen más por la longitud de los desplazamientos), de la penetración del transporte público y de la estructura económica (el peso del transporte de mercancías eleva la cifra). Por eso las provincias con grandes ejes logísticos suelen mostrar valores altos.
España consume del orden de 60 millones de toneladas de productos petrolíferos al año según CORES, una parte de ellos en automoción. Repartido entre la población, sitúa al país en valores cercanos a la media europea, por debajo de los países con mayor dispersión geográfica o menor uso del transporte público.