En el carburante se produce un efecto cascada: el IVA al 21 % no se aplica solo sobre el coste del producto, sino sobre la base imponible completa, que ya incluye el Impuesto sobre Hidrocarburos. Se paga, por tanto, un impuesto sobre otro impuesto.
La mecánica está en el artículo 78 de la Ley 37/1992 del IVA, que define la base imponible incluyendo «los tributos y gravámenes de cualquier clase» que recaigan sobre la operación, salvo el propio IVA. El Impuesto sobre Hidrocarburos es uno de ellos, así que entra en la base sobre la que se calcula el 21 %.
La consecuencia práctica: por cada euro de IH, el consumidor paga además 21 céntimos de IVA sobre ese euro. No es un error ni una doble tributación ilegal —es el diseño del sistema—, pero explica por qué la carga fiscal total del litro es tan alta. El detalle, en el hub de impuestos.