Los impuestos especiales son una categoría tributaria que grava el consumo de productos específicos por motivos recaudatorios, sanitarios o ambientales. Los principales son los que recaen sobre hidrocarburos, alcohol y bebidas derivadas, tabaco, electricidad y carbón.
Están armonizados a nivel europeo desde la directiva 92/12/CEE (revisada en la 2008/118/CE): los Estados miembros pueden fijar tipos por encima de mínimos comunes pero deben respetar las definiciones de hecho imponible. Esta armonización es la que evita que las diferencias fiscales entre países sean excesivas.