Una tarjeta de flota (fuel card) es un instrumento de pago especializado para empresas con flotas de vehículos. Permite repostar en una red aceptante con descuento negociado, llevar un control por matrícula del consumo y gestionar la deducción del IVA del carburante de forma automatizada.
Las principales en el mercado español son DKV, UTA, AS24, Repsol Flotas y Cepsa FlotasCard, entre otras. Cada una da acceso a una red de estaciones distinta y a condiciones de descuento que dependen del volumen contratado.
Su ventaja fiscal es clave: la factura mensual detallada que emiten estas tarjetas facilita acreditar el IVA soportado deducible del carburante afecto a la actividad, algo que el ticket simple de surtidor no siempre permite. Para una flota con cientos de repostajes al mes, esa trazabilidad ahorra mucha gestión.
Los transportistas de larga distancia combinan la tarjeta de flota con la devolución del gasóleo profesional, el mecanismo de la AEAT que reintegra parte del Impuesto sobre Hidrocarburos a los vehículos de transporte autorizados. Ambos instrumentos juntos optimizan el coste real del litro para el profesional.