El Acuerdo de Viena de finales de 2016 fue el primero en el que la OPEP y un grupo de productores no miembros liderados por Rusia coordinaron un recorte conjunto de producción, del orden de 1,8 millones de barriles diarios. Fue la respuesta al desplome del Brent por debajo de 30 USD/barril provocado por la sobreoferta del shale estadounidense.
El acuerdo supuso un giro estratégico de la OPEP: tras dos años intentando, sin éxito, expulsar al shale del mercado con precios bajos (la política de no recortar de 2014), el cártel asumió que necesitaba gestionar la oferta de forma activa y, sobre todo, sumar a Rusia para tener peso suficiente.
Marcó así el inicio de la alianza OPEP+, que desde entonces opera de forma coordinada para ajustar los niveles de producción a la demanda esperada. Es un actor permanente del mercado, con reuniones periódicas que mueven el precio del crudo según anuncien recortes o aumentos de cuota.
El efecto inmediato del acuerdo fue una recuperación del Brent hasta los 70-80 USD en 2017-2018. Para el consumidor español, el fin de la era de gasolina barata de 2015-2016 coincidió con la entrada en vigor de estos recortes coordinados.