El boom del esquisto es el nombre que se da a la revolución de producción de petróleo y gas a partir de formaciones de roca de esquisto (shale) en EE.UU. mediante fracturación hidráulica (fracking) y perforación horizontal. Entre 2010 y 2015 la producción estadounidense de crudo casi se duplicó, según los datos de la EIA.
La técnica combinaba dos avances: la perforación horizontal, que recorre la capa de roca productiva en lugar de atravesarla, y la fractura hidráulica, que inyecta agua a presión con arena y aditivos para liberar los hidrocarburos atrapados en la roca poco permeable. Juntas hicieron rentables yacimientos antes inviables.
El impacto en el mercado global fue de primer orden. La OPEP, liderada por Arabia Saudí, decidió no recortar cuotas en 2014 para intentar expulsar del mercado al shale con precios bajos. El Brent cayó de 110 USD a menos de 30 USD en unos 18 meses (2014-2016).
Para el conductor español, esos dos años fueron los de la gasolina más barata desde 2009. La estrategia de la OPEP no logró frenar al shale, que demostró ser más resistente de lo esperado, y la respuesta del cártel fue el Acuerdo de Viena de 2016 y el nacimiento de la alianza OPEP+.