La elasticidad precio-demanda mide la variación porcentual de la cantidad demandada ante una variación del 1 % en el precio. Para los carburantes de automoción:
- Corto plazo: –0,10 a –0,30. La demanda cae poco ante una subida del precio porque los conductores no pueden cambiar su ruta o su modo de transporte rápidamente.
- Largo plazo: –0,50 a –0,80. Con tiempo, la gente cambia de coche (más eficiente o eléctrico), cambia de residencia o usa más el transporte público.
Esta baja elasticidad es uno de los argumentos para usar los carburantes como base imponible recurrente: las subidas de impuestos recaudan sin reducir drásticamente el consumo.