El peak oil demand es el punto a partir del cual la demanda global de petróleo alcanza su máximo histórico y comienza a decrecer de forma sostenida. Es un concepto distinto al peak oil supply (el máximo de producción, que dominó el debate en los años 2000): ahora la discusión se centra en cuándo la demanda tocará techo, no la oferta.
El cambio de enfoque refleja una transformación de fondo: durante décadas se temió que el petróleo se agotase; hoy se debate cuándo dejaremos de necesitarlo tanto. La electrificación del transporte, la eficiencia y las políticas climáticas son las fuerzas que empujan ese pico.
La AIE proyecta que la demanda global de petróleo alcanzará su máximo antes de 2030, impulsada por la electrificación del transporte ligero en China, Europa y EE.UU. La OPEP, en cambio, mantiene proyecciones más optimistas y pospone el pico más allá de 2040.
La fecha del pico tiene consecuencias enormes: condiciona las inversiones en exploración y refino, el valor de los activos petrolíferos y la estrategia de los grandes operadores. Para España, alinear su parque y su fiscalidad con un mundo de demanda decreciente es uno de los ejes de la transición energética.