El DPF es el filtro de partículas instalado en el sistema de escape de los motores diésel modernos. Su función es capturar las partículas sólidas (hollín, PM10 y PM2,5) generadas por la combustión del gasóleo antes de que salgan al exterior. Es obligatorio en Europa para los turismos diésel fabricados desde 2009 (norma Euro 5) y se ha endurecido con Euro 6.
El DPF se regenera periódicamente quemando las partículas acumuladas a alta temperatura. La regeneración requiere un trayecto continuo de al menos 20-30 minutos a velocidad de autovía (90 km/h o más). Un coche diésel que solo hace trayectos urbanos cortos no logra regenerar el filtro, que termina obstruido y requiere intervención mecánica (limpieza profesional o sustitución del filtro, con coste de 500-1.500 €).
Si tu uso es predominantemente urbano y haces pocos kilómetros de autovía al mes, el motor diésel actual probablemente no es la mejor opción. Conviene considerar gasolina, híbrido o eléctrico según kilometraje. Para conductores con flota mixta, la regla práctica es hacer al menos un trayecto de 30 minutos a velocidad sostenida cada 500-700 km de uso urbano.