El gas natural comprimido es metano almacenado a alta presión (en torno a 200 bar) en depósitos reforzados. Como carburante de automoción ofrece una combustión más limpia que la gasolina y el gasóleo: emite menos partículas, menos óxidos de nitrógeno (NOx) y menos CO₂ por unidad de energía liberada.
Su uso en España se concentra en flotas urbanas y profesionales: autobuses metropolitanos, camiones de recogida de residuos, taxis y vehículos de reparto de última milla. Para el turismo particular la implantación es marginal, principalmente por la escasa red de surtidores frente a las más de 11.000 estaciones que despachan gasolina o gasóleo. En la clasificación ambiental de la DGT los vehículos de GNC reciben el distintivo ECO.
Fiscalmente, el gas natural destinado a automoción tributa por el Impuesto sobre Hidrocarburos a un tipo muy inferior al de la gasolina y el gasóleo, lo que explica buena parte del interés de las flotas con alto kilometraje. La unidad de venta en surtidor es el kilogramo, no el litro, porque se despacha en estado gaseoso comprimido.
La diferencia clave con el GNL es el estado de almacenamiento: el GNC se guarda gaseoso a alta presión y el GNL licuado a muy baja temperatura, lo que da a este último mayor autonomía y lo hace preferido en transporte pesado de larga distancia. Ambos son metano y comparten el distintivo ECO.