La invasión de Kuwait por Irak el 2 de agosto de 1990 provocó la tercera gran perturbación del mercado del petróleo del siglo XX. El Brent pasó de en torno a 17 USD/barril en julio de 1990 a unos 40 USD en octubre, un aumento próximo al 140 % en pocas semanas.
El salto de precio reflejaba la pérdida combinada de la producción de Kuwait y de Irak, ambos retirados del mercado por el conflicto y el embargo internacional, además de la prima de riesgo por el temor a que la guerra se extendiese a otros productores del Golfo Pérsico.
La operación «Tormenta del Desierto» (enero-febrero de 1991) liberó Kuwait con rapidez. Una vez despejada la incertidumbre y con Arabia Saudí incrementando su bombeo para cubrir el hueco, los precios cayeron tan rápido como habían subido, volviendo a niveles previos a la invasión.
El episodio demostró que el mercado del crudo incorpora primas de riesgo geopolítico muy sensibles a los desarrollos en la región del Golfo Pérsico, que concentra más del 30 % de la producción mundial. Es un patrón que se repite en cada crisis de la zona y que explica picos de precio que no responden a la oferta real, sino al miedo a perderla.