El índice de cetano es la propiedad equivalente al octanaje pero para el gasóleo. Mide la facilidad con que el combustible se autoenciende cuando se inyecta en la cámara de combustión bajo presión. A diferencia de la gasolina, en diésel un valor alto es deseable: implica menor retraso del encendido, combustión más suave y menos ruido de golpeteo.
El gasóleo A estándar debe tener, según la norma EN 590, un índice de cetano mínimo de 51. El gasóleo premium de las marcas alcanza valores en torno a 55. El método oficial de medida es el motor de prueba CFR (EN ISO 5165); existe además el índice de cetano calculado (CCI), derivado de propiedades físicas, que se usa como estimación cuando no se dispone del ensayo motor.
Un cetano más alto mejora el arranque en frío y reduce el humo blanco característico de los primeros segundos de funcionamiento. También suaviza el ruido del diésel, que en buena parte procede de ese retraso entre inyección y autoignición.
Para el conductor medio el cetano no es un parámetro controlable al repostar: el gasóleo A vendido en España cumple por defecto el mínimo de la norma. La diferencia frente a un premium es modesta y solo se nota en motores específicos o en uso muy exigente.