La intensidad energética es el cociente entre el consumo de energía primaria y el PIB de un país, expresado habitualmente en toneladas equivalentes de petróleo (tep) por millón de euros. Mide cuánta energía necesita la economía para generar cada unidad de riqueza: a menor intensidad, más eficiente es el modelo productivo.
España ha reducido su intensidad energética de forma sostenida desde mediados de los años 2000, gracias a la mejora de la eficiencia industrial, el cambio de mix energético y la terciarización de la economía. Aun así, sigue por encima de la media de la UE-27 en algunos indicadores, según las series de Eurostat.
Los sectores de transporte por carretera e industria son los más energo-intensivos, y el primero es donde más pesa el consumo de carburantes. La descarbonización del transporte —electrificación y biocarburantes— es una de las palancas para seguir reduciendo la intensidad energética del país.
No debe confundirse intensidad energética con intensidad de carbono: la primera mide energía por unidad de PIB; la segunda, emisiones por unidad de actividad. Un país puede bajar su intensidad energética y, a la vez, mejorar su intensidad de carbono si además cambia las fuentes fósiles por renovables.