Una marca low cost es un operador de estaciones de servicio que reduce su coste operativo al mínimo: sin tienda, sin cafetería, sin servicio en pista y muchas veces totalmente automatizado (autoservicio 24/7 con pago en surtidor). Su modelo de negocio se basa en mover mucho volumen con un margen unitario ajustado.
En España las marcas low cost más extendidas son Plenoil, Petroprix, Ballenoil y Plenergy, entre otras. Compran el carburante en el mercado spot o a mayoristas no exclusivos, sin pagar canon de abanderamiento, lo que les permite repercutir un precio más bajo.
Según los datos del observatorio, las estaciones low cost representan en torno al 9,1 % del parque nacional, frente a la mayoría de estaciones integradas. Su precio suele situarse varios céntimos por litro por debajo de la media de las marcas integradas, aunque el ahorro concreto varía por provincia y por producto.
El crecimiento de las low cost desde 2010 es uno de los factores que más ha intensificado la competencia en precio en el mercado español, presionando a la baja la media local allí donde se implantan. La CNMC ha analizado en varios informes su efecto sobre los márgenes de distribución.