El margen comercial de una estación de servicio es la diferencia entre el precio de venta al consumidor y el precio al que la estación compra el carburante a su distribuidor o suministrador. Incluye la rentabilidad de la propia estación y los costes de gestión que no recoge el precio de suministro (personal, energía, mantenimiento).
Según los informes de la CNMC, los márgenes brutos medios en España oscilan en una banda de varios céntimos por litro, con las estaciones abanderadas en la parte baja (el operador integrado se queda con parte del margen) y las independientes o low cost en la parte alta, porque al tener menos costes pueden retener más margen y aun así vender más barato.
El margen comercial es solo una de las capas del precio final. Por encima del coste del producto se suman la logística, este margen de distribución y, sobre todo, la fiscalidad: el Impuesto sobre Hidrocarburos y el IVA, que en conjunto suponen la mayor parte del precio en surtidor.
La CNMC vigila este margen porque su evolución revela si la competencia funciona: márgenes que se amplían de forma persistente sin justificación de costes pueden señalar falta de presión competitiva en una zona. El margen es, además, lo que explica que dos estaciones cercanas con el mismo coste de aprovisionamiento ofrezcan precios distintos.