La paridad de importación es el precio al que le costaría a un distribuidor español importar el mismo carburante que compra localmente a la refinería: se calcula como el precio spot en Rotterdam (ARA) más fletes, seguros y costes de descarga. Si la refinería local cobra por encima de esa paridad, el distribuidor tiene incentivo a importar.
En mercados liberalizados como el español, la competencia entre las refinerías locales y el carburante importado mantiene los precios mayoristas próximos a la paridad de importación. Funciona como un techo natural: ningún productor local puede cobrar mucho más de lo que costaría traer el producto de fuera.
Es uno de los indicadores que usan los economistas y la CNMC para evaluar si existe margen excesivo en la primera etapa de la cadena. Un precio mayorista persistentemente por encima de la paridad de importación señalaría falta de competencia en el refino o en la logística.
Para España la paridad tiene un matiz: pese a ser exportador neto de gasóleo, el precio interior se referencia igualmente al mercado europeo, porque el coste de oportunidad del distribuidor es siempre el de reponer producto al precio internacional vigente, no el coste histórico de producción de la refinería.