El precio de transferencia es el precio al que un operador integrado (Repsol, Cepsa, etc.) vende el carburante a sus propias estaciones o a distribuidores vinculados. Es el punto de partida sobre el que se construye el precio final al consumidor.
La CNMC vigila que este precio de transferencia no se use para discriminar entre estaciones abanderadas propias y operadores independientes que compran en el mercado. Un precio de transferencia artificialmente alto a los abanderados limita su capacidad de competir con estaciones del mismo grupo.