El precio de transferencia es el precio al que un operador integrado (Repsol, Cepsa, etc.) vende el carburante a sus propias estaciones o a distribuidores vinculados del mismo grupo. Es el punto de partida sobre el que se construye el precio final al consumidor.
Aunque sea una transacción interna o entre empresas del mismo grupo, el precio de transferencia tiene efectos reales sobre la competencia: define cuánto margen le queda a cada estación de la red y, por tanto, cuánto puede ajustar su precio de venta al público sin perder rentabilidad.
La CNMC vigila que este precio no se use para discriminar entre estaciones abanderadas propias y operadores independientes que compran en el mercado. Un precio de transferencia artificialmente alto a los abanderados limitaría su capacidad de competir con las estaciones del propio grupo.
El concepto enlaza con la paridad de importación: el precio de transferencia razonable debería moverse en torno al coste de reposición del producto en el mercado europeo. Desviaciones persistentes por encima de esa referencia son una de las señales que los reguladores examinan para detectar márgenes excesivos en la primera etapa de la cadena.