Un coche al ralentí consume relativamente poca gasolina por hora, pero como está parado y no recorre ni un kilómetro, ese consumo es puro derroche. La cilindrada del motor y el aire acondicionado encendido lo disparan aún más.
Con el motor al ralentí el coche sigue quemando combustible solo para mantenerse en marcha, aunque no avance ni un metro. En términos absolutos gasta relativamente poco por hora, pero ese consumo no se traduce en ningún kilómetro recorrido y sube con la cilindrada del motor y con el aire acondicionado encendido.
- Cilindrada y número de cilindros: un motor grande necesita más combustible para mantener el ralentí que uno pequeño.
- Aire acondicionado y climatización: el compresor añade carga al motor y dispara el consumo con el coche parado.
- Motor en frío: recién arrancado, el consumo al ralentí es mayor hasta que alcanza su temperatura de servicio.
- Consumos eléctricos: luces, ventilador o equipo de sonido obligan al motor a generar más energía.
Como el coche parado no recorre kilómetros, ese gasto es puro derroche: no aporta autonomía y eleva las emisiones de CO2 por kilómetro. Por eso el sistema de arranque y parada apaga el motor de forma automática en los semáforos, y las guías de conducción eficiente del IDAE recomiendan apagarlo a mano en paradas que se prolongan: volver a arrancar suele gastar menos que mantenerlo al ralentí.
Este derroche explica buena parte de la diferencia entre el consumo real y el homologado en ciudad, donde se acumulan atascos y semáforos. En trayectos urbanos, reducir el tiempo con el motor parado y encendido es una de las formas más sencillas de bajar la factura.