Los biocarburantes avanzados (también llamados de 2.ª o 3.ª generación) son los producidos a partir de residuos agrícolas, biomasa lignocelulósica (paja, residuos forestales), aceites de cocina usados, grasas animales o algas. A diferencia de los biocarburantes convencionales, obtenidos de cultivos alimentarios como la colza o el maíz, no compiten con la cadena alimentaria ni provocan cambios indirectos de uso del suelo.
Su definición jurídica está en el Anexo IX de la directiva europea de energías renovables (RED II, Directiva (UE) 2018/2001), que enumera las materias primas admitidas como avanzadas. La revisión RED III (Directiva (UE) 2023/2413) refuerza su papel y fija el objetivo de descarbonización del transporte para 2030.
Bajo esta etiqueta caben productos de distinta naturaleza química: el HVO (gasóleo parafínico renovable a partir de aceites usados), el biometano, o los biocarburantes celulósicos. Lo que los une no es la molécula final sino el origen de la materia prima: residuos y biomasa no alimentaria.
La RED III establece que el transporte debe alcanzar una cuota de energía renovable significativa en 2030, con un subobjetivo específico para los biocarburantes avanzados y para los combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO), como el hidrógeno verde y sus derivados. Esa combinación es la palanca regulatoria que sostiene su desarrollo industrial en Europa.