El cetanaje es el equivalente del octanaje en los gasóleos, pero con sentido opuesto: mide la facilidad de autoignición, no la resistencia a ella. Un gasóleo con cetanaje alto se inflama rápido al ser inyectado en la cámara de combustión comprimida del motor diésel; un cetanaje bajo genera retraso del encendido, golpeteo y combustión irregular.
La norma europea EN 590 exige un cetanaje mínimo de 51 para el gasóleo de automoción (gasóleo A). Los gasóleos premium comercializados por algunas marcas (Cepsa Óptima Diésel, Repsol Diesel e+) suelen superar 55, con un paquete de aditivos complementarios (detergentes, lubricantes, inhibidores de corrosión).
Para el conductor general, el cetanaje no es un parámetro que se controle al repostar: el gasóleo A vendido en España cumple por defecto el mínimo de la norma. La diferencia frente a un premium es modesta y, salvo en motores muy específicos o uso intensivo, no compensa la diferencia de precio en surtidor.