El margen bruto de la estación es de unos pocos céntimos por litro, y de ahí salen los costes de operar (personal, alquiler, suministro, tarjetas). El beneficio neto por litro es pequeño; el negocio vive del volumen y de la tienda.
La gasolinera se queda con un margen bruto de unos pocos céntimos por litro, no con la diferencia entre el coste del crudo y el precio final (esa diferencia es sobre todo impuestos). De ese margen tiene que pagar el personal, el alquiler o el canon, el transporte del producto y las comisiones de las tarjetas.
Por eso el beneficio neto por litro es reducido y el modelo de negocio se apoya en el volumen (vender muchos litros) y en los servicios complementarios: tienda, cafetería, lavado. Las low-cost llevan este modelo al extremo: margen mínimo, sin personal en pista y sin tienda, compensado con un volumen alto.
La mayor parte de lo que pagas no se la queda la gasolinera: en torno a la mitad del precio son impuestos. Lo detalla la pregunta sobre cuántos impuestos paga el litro.