El GLP es más barato porque tributa con un impuesto especial mucho menor que la gasolina (del orden de 5 céntimos frente a unos 47), pero el parque de coches que lo usa es pequeño y la red de surtidores exige una inversión específica cara. Eso genera un círculo: pocas estaciones, pocos coches, expansión lenta.
El gas licuado del petróleo se vende habitualmente a la mitad de precio que la gasolina 95 porque tributa con un tipo del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos muy inferior (del orden de 5 céntimos por litro de equivalente energético frente a unos 47 de la gasolina), a lo que se suma un coste de materia prima también más bajo. Pese a ese ahorro, casi ninguna estación lo vende.
El mecanismo es un círculo de oferta y demanda que se realimenta:
- El parque de coches GLP es minoritario: los modelos de fábrica con GLP nativo (Dacia, Renault, Fiat) son pocos, y transformar un gasolina a GLP exige inversión (1.500-2.500 €) y homologación.
- Montar un surtidor de GLP requiere un depósito a presión, una boca de carga estanca y certificación adicional: varias decenas de miles de euros que solo se amortizan con clientes suficientes.
- Con pocos coches, pocas estaciones instalan GLP; con pocas estaciones, pocos compran un coche GLP. El círculo se rompe muy despacio.
Un contrapeso a favor del GLP es que su etiqueta DGT es ECO, lo que da acceso a las ZBE y a aparcamiento bonificado en muchas ciudades y sostiene su demanda urbana. La red de estaciones GLP se concentra en grandes áreas metropolitanas y corredores principales, y en 2024-2025 ha crecido por la apuesta de Repsol y Cepsa de añadir GLP a estaciones grandes con buena rotación.
Tipos impositivos del Impuesto sobre Hidrocarburos por producto y características técnicas de la infraestructura de repostaje GLP.