El azufre presente en el crudo pasa al carburante en el proceso de refino si no se elimina. Su concentración se mide en partes por millón (ppm). El problema es que los óxidos de azufre (SOx) envenenan los catalizadores y los filtros de partículas, inutilizándolos prematuramente.
La Directiva 98/70 fue reduciendo progresivamente el límite: de 500 ppm (antes de 1996) a 350 ppm, luego a 50 ppm y finalmente a 10 ppm (desde 2009). Con 10 ppm los catalizadores y el DPF funcionan con eficiencia óptima.