Los óxidos de nitrógeno (NOx) son los gases NO y NO2 que se forman en cualquier combustión a alta temperatura cuando el nitrógeno del aire reacciona con el oxígeno. Los motores diésel emiten significativamente más NOx que los de gasolina porque operan a mayor temperatura y en mezcla pobre (con exceso de aire).
El NOx es tóxico a concentraciones bajas y precursor del ozono troposférico y de las partículas secundarias. Por eso es el contaminante con el límite más exigente de las normas Euro 5 y Euro 6: el tope de NOx para diésel pasó de 180 mg/km en Euro 5 a 80 mg/km en Euro 6, según el Reglamento (CE) 715/2007.
La tecnología principal para reducirlo en diésel es el sistema SCR con AdBlue, complementado por la recirculación de gases de escape (EGR). El control del NOx en condiciones reales de circulación (test RDE) fue precisamente lo que se reforzó tras el caso de manipulaciones de emisiones de 2015.
El NOx es también el criterio que justifica las Zonas de Bajas Emisiones en las grandes ciudades españolas: la restricción al tráfico más contaminante busca rebajar las concentraciones de NO2 en aire urbano, que es donde la Directiva 2008/50/CE de calidad del aire fija valores límite.