El turbo de geometría variable es un turbocompresor cuyas paletas directrices cambian de ángulo mediante un actuador electrónico. A bajas rpm se cierran para acelerar el gas de escape y generar presión de sobrealimentación desde revoluciones más bajas; a altas rpm se abren para no estrangular el flujo.
El resultado es un rango de par mucho más ancho que con un turbo convencional: se elimina el típico «hueco» a bajas revoluciones. Es el estándar en los motores diésel modernos que cumplen las normas Euro 5 y Euro 6.