Sí. Unos neumáticos por debajo de la presión recomendada aumentan la resistencia a la rodadura y, con ella, el consumo. Revisar la presión una vez al mes y antes de viajes largos es de los ajustes más baratos para gastar menos.
Sí. La presión influye directamente en el consumo. Un neumático poco inflado se deforma más al girar y aumenta la resistencia a la rodadura: el motor tiene que aportar más energía para mover el coche a la misma velocidad, así que quema más combustible. El IDAE incluye mantener la presión correcta entre las medidas básicas de la conducción eficiente.
- Más consumo: circular por debajo de la presión recomendada eleva el gasto de combustible de forma apreciable, sobre todo cuando la falta de aire es notable.
- Más desgaste: el neumático se calienta y se gasta antes por los laterales, así que dura menos y hay que cambiarlo con más frecuencia.
- Menos seguridad: peor frenada, menor estabilidad en curva y mayor riesgo de reventón, especialmente a alta velocidad.
Comprueba la presión en frío (con el coche parado o tras pocos kilómetros) al menos una vez al mes y antes de un viaje largo. Usa los valores del fabricante, no los máximos que marca el neumático: suelen figurar en el marco de la puerta del conductor, en la tapa del depósito o en el manual. Con el coche muy cargado o a velocidad de autopista conviene subir a la presión indicada 'con carga'.
El ahorro por mantener bien la presión es modesto, pero es gratis y constante: se nota en el consumo real y, por tanto, en el coste por 100 km. Combinado con velocidad moderada y quitar peso inútil, es de las formas más sencillas de gastar menos sin cambiar de coche.