El DPF (filtro de partículas diésel) captura el hollín del escape y cada cierto tiempo necesita quemarlo a alta temperatura: es la regeneración. Da problemas cuando el coche solo hace trayectos urbanos cortos, porque el motor no alcanza la temperatura necesaria, la regeneración no se completa y el filtro se satura. La solución preventiva es un trayecto largo en carretera cada pocas semanas.
El DPF es el filtro que captura las partículas de hollín del escape de los diésel, y da problemas sobre todo cuando el coche solo hace trayectos urbanos cortos: el motor no se calienta lo suficiente para quemar el hollín acumulado, el filtro se satura y aparece la luz de avería con pérdida de potencia.
El funcionamiento gira en torno a la regeneración, el proceso por el que el filtro quema el hollín atrapado para limpiarse. Hay dos tipos:
- Regeneración pasiva: ocurre sola en carretera cuando la temperatura del escape supera ~350-400 °C. Es transparente para el conductor.
- Regeneración activa: cuando el filtro se llena, el motor inyecta combustible extra para elevar la temperatura del escape a ~600 °C y quemar el hollín. Dura unos 20 minutos y se activa de forma automática.
El problema surge cuando ese ciclo no llega a completarse. En trayectos cortos de ciudad el escape nunca alcanza la temperatura de la regeneración activa, esta se interrumpe a medias y el hollín se va acumulando hasta saturar el filtro de partículas.
| Tipo de uso | Efecto sobre el DPF |
|---|---|
| Carretera o autovía habitual | Regeneración completa, filtro limpio |
| Solo trayectos urbanos cortos | Regeneración interrumpida, riesgo de saturación |
La solución preventiva es sencilla: cada 2-4 semanas, hacer un trayecto de 30-40 minutos en carretera o autovía a 2.500-3.000 rpm para completar la regeneración y vaciar el filtro. El DPF es obligatorio desde Euro 5 y se mantiene en Euro 6, normas detalladas en el glosario de este observatorio.