La mayoría de coches gasta menos a velocidad constante y moderada en la marcha más larga posible, normalmente entre unos 50 y 90 km/h. A partir de 120 km/h el consumo se dispara porque la resistencia del aire crece con el cuadrado de la velocidad.
No hay una cifra mágica única, pero casi todos los coches alcanzan su menor [consumo por cada 100 km](/glosario/coste-por-100-km) circulando a velocidad constante y moderada en la marcha más larga posible, con el motor a pocas revoluciones. En la práctica ese punto suele situarse entre unos 50 y 90 km/h, dependiendo del modelo, el peso y la aerodinámica.
La explicación es física. Por debajo de esa franja el motor trabaja con menos [eficiencia térmica](/glosario/eficiencia-termica) y en marchas cortas; por encima empieza a mandar la resistencia aerodinámica, que crece con el cuadrado de la velocidad. Por eso pasar de 120 a 140 km/h dispara el gasto mucho más de lo que sugiere esa diferencia de 20 km/h.
- Circula a un ritmo lo más constante posible y evita acelerones y frenazos innecesarios.
- Usa la marcha más larga que el motor admita sin tirones, manteniendo las revoluciones bajas.
- En autovía, bajar de 120 a 100-110 km/h reduce el consumo de forma apreciable sin apenas alargar el viaje.
- Vigila la presión de los neumáticos y quita peso o bacas y cofres que no estés usando.
Ten en cuenta que la velocidad óptima cambia con cada coche, la carga y el viento, así que fíjate en tu [consumo real](/glosario/consumo-real) —el que marca el ordenador de a bordo— más que en cifras teóricas. Y recuerda que el gasto final también depende del precio del litro, que puedes consultar en precio hoy.